Mi gran amigo Eduardo de León y Manjón. Conde de Lebrija

Publicado en por afigueiral

 

    regla_manjon_condesa_de_lebrija-Sorolla.jpgRegla Manjón. Condesa de Lebrija 

 

 

Hace varios años, cuando viajaba con mis hijos por el Mediterráneo, en un crucero, tuve el gran honor de conocer a Eduardo de León y Manjón. Conde de Lebrija ( se nos ha ido 1999) de una forma muy casual.

 

Hoy me lo recuerda el diario ABC que encontré por casa, el me lo había enviado, para que leyera el artículo de su ingreso como académico de honor de la de Bellas Artes.

 

Leyó su discurso centrándose en la historia y patrimonio de la casa de la Calle Cuna, en el recuerdo de sus antepasados sobre todo de su tía abuela Regla Manjón, quien reunió en su mansión hispalense,  el importantísimo patrimonio que ahora alberga, que por sus ricos pavimentos y mosaicos romanos, es una de las  colecciones privada más importantes del mundo.

 

Eduardo de León, siempre explicaba que en nuestros días las reliquias de la historia deben cuidarse y enseñarse, por eso estas pueden visitarse, fijando él mismo unas horas de entrada, para que todos puedan ver las magnificas antigüedades de Itálica.

 

 Me honró con su amistad, fueron días amenos, conversaciones amenas e interesantes  las que hemos mantenido en nuestras charlas cruzando los mares, que yo no habría podido tener con ninguna otra personas que no fuera él, a los dos nos gustaba el mar y casi cada año lo encontraba en algún viaje en barco, que yo solía realizar en compañía de mis hijos. Bien por casualidad  o  porque nos llamabamos y nos poníamos de acuerdo. 

 

El siempre viajaba solo. Por Semama Santa y en verano, mes de agosto, decía que la Semana Santa era agobiante en Sevilla, y en verano que no se podía resistir el calor.

 

 Cuando nos veíamos siempre nos sentábamos juntos en los salones de aquellos barcos tan impresionantes y llenos de personas de distintas nacionalidades, creencias... , pero todos con un fin, ser felices o mejor dicho buscando la felicidad....,  me contaba muchas vivencias suyas,  para mi fue una gran experiencia, me encantaba escucharle, su gran cultura, su mundología, su simpatía, sus ganas de vivir.

 

 En una ocasión me dijo, estos periodistas cambian las palabras que uno dice, o interpretan lo que ellos quieren..... tienes siempre que tener mucho cuidado, y aún así.... esto me lo contaba porque en una de las entrevistas que le hicieron, al preguntarle cual era su virtud más relevante, " vivir la vida, gozarla y trabajar aunque uno sea criticado por ello" y la periodista escribió, " gran vividor", que se podía interpretar en el contesto de otra forma... vividor si, pero de vital. enérgico, ágil..... y sobre todo un gran ser humano.

 

Frecuentaba la amistad de hombres de la política, de la economía, del arte, era un gran empresario. Fundador de la Caja Rural, por ello estaba en posesión de la Gran Cruz Oficialal al Mérito Agricola,  había dado varias veces la vuelta al mundo. Hombre de gran talento, trabajador , y eso le ha hecho ganar a pulso su elección como académico de honor.

 

Gracias Eduardo, por tu cariño hacia mi y mis hijos, por tu amistad limpia y por todas tus atenciones. Siempre en donde yo esté tu nombre será respetado.

 

Un recuerdo para vos Señor Conde, pues le llevo en el corazón.

 

Mayo 2011

 

 

 

  

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El Recuadro

 Antonio Burgos

El Mundo de Andalucía,  jueves 8 de abril de 1999


Eduardo León

 
 

 

Era Sanlúcar puro y Arcos puro, y por si fuera poca Andalucía, creció y vivió pisando mosaicos de Itálica en la casa de la Condesa de Lebrija. Hablo de ese gran caballero ido, de Eduardo León y Manjón, el Conde de Lebrija, que un día, en su casa de la calle Cuna, donde Regla Leónfue atesorando media Bética comprada por Santiponce y por Camas, me dijo:

-- ¿Tú ves ese mosaico romano? Pues de chiquillo lo que más me gustaba era corretear por encima con un triciclo que yo tenía... ¡con las ruedas de hierro!, fíjate qué barbaridad. Y el caso es que no podíacomprender cómo me reñían tanto cuando me ponía a corretear con el triciclo sobre Baco.

Como conocí a Eduardo León en sus salones itálicos de torsos romanos, me fue ya muy fácil enmarcarlo como uno de los últimos patricios de la Bética. Pertenecía a la saga de grandes señores de Sevilla metidos en emprendedores negocios que la muerte se ha ido llevando uno tras otro. Se nos ha ido después de Fernando Solís Atienza, a los pocos días de Felix Moreno de la Cova. En su plenitud de vida y de alegría. Era uno de esos sevillanos que gozan haciendo feliz a la gente, animándolas, a los que todo parece bien. Eduardo León era de esa ley. Estaba a mediodía en su copita de manzanilla y sus ostras de La Alicantina, y todo el que apareciera por allí era convidado:

-- Que lo ha invitado a usted don Eduardo...

Más que a manzanilla de su Sanlúcar, Eduardo siempre nos convidaba a gozar la vida. Daba un aspecto de facilidad y agrado a cuanto hacía. Sin darle la menor importancia, creó en su Arcos todo un polo de desarrollo, como fue el complejo turístico del lago, hoteles y urbanizaciones con nombres de corregidores y de molineras. Sin darle la menor importancia, hizo la Algodonera Virgen de los Reyes o Invirsa. No te hablaba de sus negocios. Abierto al mundo, te hablaba de sus viajes. Con decir que Eduardo León había corrido más mundo que Maribel Moreno de la Cova... Como un Elcano a la sanluqueña, cada año se daba su vueltecita al mundo. En barco, que es como dan los sanluqueños la vuelta al mundo. En una de esas vueltas encontró el prólogo de su muerte, que es como el capítulo de una novela. A Eduardo, con un pemperrenque importante, lo tuvieron que desembarcar del Queen Elisabethen Bombay. Desde allí fue un calvario traerlo hasta su casa de la calle Cuna. Pero como repartíasiempre alegría y vida, ya estaba convidando a la gente a los toros del Domingo de Resurrección el día antes de que se fuera a esperar, con la muerte, la suya propia. Sólo este Conde de Lebrijaviajero y abierto, alegre y alegrador de los demás, podía hacer de la muerte un pasaje a la India. Porque iba por el mundo sin olvidar nuestra tierra. estaba un día Eduardo almorzando en el Hotel Sheratonde San Francisco y tardaban más de la cuenta en servirle. Harto ya de llamar a los camareros sin que vinieran, se fijó en uno y le soltó un:

-- ¡ Quiiiiillo!

El camarero volvió la cabeza y acudió al instante. Los que lo acompañaban le dijeron:

-- ¿Pero cómo sabías que era español?

-- No, español sólo no: de Chipiona, como habéis visto. Con esos andares nada más que se puede ser de Sanlúcar o de Chipiona.

Con ese señorío alegre que tenía Eduardo León nada más que se puede ser de la Andalucía que ha perdido a uno de sus últimos patricios romanos de Arcos.

 

 

 

 


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